EL ARTE DE ESTRESARNOS LA VIDA

Casi como una habilidad adquirida y un mal aprendizaje que hay que desandar si se aspira a tener salud. Ese es el título que le atribuye a una determinada forma de vivir el Psiquiatra José Bonet Presidente de la Sociedad Argentina de Psiconeuroinmunoendocrinología (Sapine)

Mantener un estado de estrés crónico termina indefectiblemente por enfermar ya que tiene impacto en el organismo en general. Este impacto es fuerte a nivel cerebral, por lo que se habla de neurona o sinapsis (conexión entre éstas) estresada.

 

El cerebro es un órgano plástico que se adapta a las situaciones que vive la persona. Hay zonas que se agrandan y se achican, circuitos que se fortalecen y debilitan según las circunstancias”, detalló Bonet. Sin embargo, cuando la saturación es reiterada y permanente este mecanismo se atasca, se detiene, se desarmoniza.

 

Esta es la consecuencia del estrés crónico, lo que puede desencadenar patologías psiquiátricas como depresión y ansiedad en nivel alto.

De hecho, respecto de la primera la Organización Mundial de la Salud ha alertado recientemente sobre su gran incidencia en la población, lo cual para Bonet -por estar condicionada por el nivel de estrés- puede ser un indicador de cómo éste también está ganando terreno.

Hay que aclarar que hay un estrés agudo que es bueno, necesario para afrontar las situaciones de la vida; y otro que es crónico, llamado distrés, que es reiterado, una reacción exagerada que va acumulando daño mental y orgánico, lo que finalmente determina la enfermedad.

El impacto será fundamentalmente en el sistema inmunológico, por lo que pueden producirse enfermedades inflamatorias, metabólicas, cardiovasculares y cerebrovasculares, entre otras.

 

“Es como una especie de talento, de arte, esto de estresarnos la vida”, insistió el especialista. Este “autoataque” a la salud puede estar condicionado por varios frentes: una determinada personalidad, características físicas por las que se reacciona más ante ciertos estímulos, características biográficas por hechos ocurridos en los primeros años de vida, y características socioecológicas o contextuales (soledad, aislamiento, incertidumbre, etcétera).

Cuestión de perspectiva

Hay una determinada forma de reaccionar frente a las circunstancias que desencadenan la situación de estrés. La causa puede ser la misma pero hay una percepción de ésta que conlleva una respuesta exagerada o inadecuada.

 

  • Apreciación. “Dentro de los mecanismos que estresan está tener una evaluación distorsionada de los hechos”, explicó Bonet. Esto implica atenuar o exagerar el impacto de lo que sucede, lo que puede generar amargura (o alguna otra emoción negativa) frente a una situación que no debería provocarlo.

  • Afrontamiento. “Son los recursos cognitivos, emocionales, psicológicos que nos permiten afrontar las cosas de la vida; a mejor afrontamiento menos estrés y sufrimiento” y viceversa, detalló el especialista. Ante esto, señaló que hay diferentes estilos de afrontamiento y que algunos pueden resultar negativos. El evitativo elude confrontar una situación: “Puede parecer un alivio pero va generando sufrimiento”. Otro es minimizar, atenuar el impacto de los hechos.

  • Asertividad. Esto es poder decir que sí o que no cuando se quiere una u otra cosa, sin enojarse. Puede haber un déficit o un exceso en la asertividad, puntualmente el enojo es la pérdida de ésta. Se relaciona con la interpretación y las conjeturas que se hacen de lo que sucede.

  • Mecanismo “más de lo mismo”. Es querer obtener resultados diferentes haciendo siempre las cosas de la misma manera.

  • Profecía autocumplida. Esto es casi hacer futurología: se está convencido, casi se decreta que algo sucederá de determinada manera por lo que casi sin darse cuenta, las acciones y medidas que se toman o dejan de tomarse se orientan a hacer que esto se cumpla.

 

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