Desafío del Siglo XXI – Diplomatura PNIE

 Esta Diplomatura tiene como propósito brindar elementos teórico-metodológicos-prácticos para la comprensión del paradigma vigente que plantea la visión del ser humano como una unidad e integración indisoluble de las áreas BIO-PSICO-SOCIO-ESPIRITUAL en los ámbitos donde se desarrolla el quehacer humano.

¿LOS CUATRO ACUERDOS?

El título asume el interrogante por el  que demasiada gente consume, cree y hace suyo conceptos no comprobados de oportunistas que aprovechando el momento usufructuaron e inventaron supuestos acuerdos toltecas.

Déjenme contarles como comienza la historia.

Impresionada de escuchar en reiteradas oportunidades, a conocidos de mi ámbito laboral, áreas de salud y educación, repetir “LOS CUATRO ACUERDOS TOLTECAS” cual oración que nos hace más sabios o mejores personas, me llamé a la investigación sobre los mismos.

Los Toltecas (viene del náhuatl y significa “maestros constructores”) fueron un pueblo que vivió entre los años 900 d.c y 1200 d.c alrededor de su capital Tollan-Xicocotitlan, cerca de Tula en México. La palabra ha sido usada de diferentes formas en estudios mesoamericanos por diferentes estudiosos para referirse a los antepasados mencionados en las narrativas mítico – históricas de los aztecas. Existe un debate académico sobre si los toltecas fueron alguna vez un verdadero grupo étnico o comunidad política genuina, o si fueron, más bien un mito producido por los aztecas y/o por otras civilizaciones de la región.
Las leyendas náhuatl afirman que los toltecas dieron origen a la civilización (esto es porque los llamaban artistas o maestros constructores). Los aztecas para afirmar su superioridad en la América mesoamericana se proclamaron descendientes de los Toltecas.

http://www.historiacultural.com/2010/02/cultura-tolteca-mesoamerica-mexico.html

Citada la fuente que nos ilustra sobre la civilización tolteca, invito a los lectores que visiten la página ya que tanto toltecas como aztecas o mayas fueron civilizaciones mesoamericanas precolombinas increíbles.

El tema que me convoca es de dónde salen los famosos cuatro acuerdos, que desde luego no eran de los toltecas, sino de un señor mexicano llamado Miguel Ruiz, médico neurocirujano y que luego de una experiencia astral, posterior a un accidente automovilístico, decide seguir los pasos de sus padres en la enseñanza tolteca, así escribe “Los Cuatro Acuerdos Toltecas” publicado por primera vez en 1997. Hasta hoy, ha sido traducido a 36 idiomas y por más de siete años estuvo en la lista de best sellers de The New York Times.

Indudablemente no soy yo, una simple médica neuróloga, la indicada para  hacer de crítica literaria, y no es esa mi intención; mi interrogante es ¿cómo esta familia, padres y hermanas y el mismo Miguel Ruiz, recibían los preceptos de una civilización de la cual hasta los propios mexicanos dudan de su existencia como pueblo real?

Y, basándome sólo en la dudosa procedencia, ¿disculpa que los cuatro acuerdos sean reales o simplemente buenos?, que además, aunque indudablemente muchísima gente lo compró en sus creencias, dudo lo hayan podido llevar a la práctica incluida  la propia familia Ruiz, ya que con la misión de transmitir la palabra tolteca, se lucró con la venta de no sólo ese libro sino de algunos más escritos por el Dr. Ruiz,  y una infinidad de conferencias por todo el mundo.

Analizaré desde mi absoluta, pequeña y personal órbita subjetiva estos cuatro acuerdos:

[button link=”http://”][/button] “Sé impecable con las palabras”. Creo que la raza humana desarrolló con su evolución la posibilidad del lenguaje y eso permitió un salto evolutivo mayor, un desarrollo neurológico no terminado de conocer aún. Sin lugar a dudas las palabras son la representación de nuestros pensamientos y estos resultados de experiencias y memorias aprendidas a lo largo de la vida de cada individuo, por lo que para que seamos impecables con las palabras deberíamos serlo con nuestros pensamientos y modificar nuestras experiencias vividas convertidas en memoria, lo cual no es imposible pero traten de hacerlo y verán que no es sencillo, tendríamos que cambiar nuestra historia individual o haber nacidos santos o algo así.

 

[button link=”http://”][/button] “No tomar nada personalmente”. Es sin duda este punto el que me llevó a desarrollar esta investigación, ya que disiento en absoluto este acuerdo de un lado y del otro. Paso a explicarles: el Dr. Miguel Ruiz se refiere a no tomar lo recibido como dirigido hacia nosotros, sino ignorarlo y tomarlo como del otro que lo hizo o dijo. Pues creo que es una visión muy egoísta con un yo muy desarrollado contrariamente a lo que predica. Él toma como ejemplo: “si el otro te insulta, no te insulta sino que se insulta”… ¿¡Cómo!? Entonces ¿¡no es personal para el que se insulta!?  ¿¡Ese individuo que insulta no tiene, acaso, un tema consigo mismo!? Entonces es un tema personal, es su tema personal; y del otro lado, yo que recibo el insulto si tengo que ignorarlo, como indican algunos preceptos hindúes, o poner la otra mejilla, como lo enseñan algunas religiones cristianas, ¿¡no es personal para mi!?  Finalmente considero que siempre es personal.

 

[button link=”http://”][/button] “No hagas suposiciones”. Esto es igual que entrenar el cerebro para que no piense, ya que los mecanismos cerebrales, en permanente actividad sin descanso, aun cuando soñamos mientras dormimos, organiza pensamientos, suposiciones, imágenes, etc. Como bien dice el Dr. Miguel Ruiz este tercer acuerdo está relacionado a los dos primeros, por lo tanto mi refutación también, lo cual sería redundante ahondar en lo mismo. Si lo que ocupa la intención del Dr. Ruiz, y así quiero creerlo, es que seamos mejores personas, no es apagando el cerebro como vamos a lograrlo sino modificando nuestro mecanismo de pensamientos y suposiciones.    “… el día que de dejes de hacer suposiciones, te comunicarás con habilidad y claridad, libre de veneno emocional…” (sic). Por lo antedicho si apagamos nuestros pensamientos y suposiciones jamás avanzaríamos como sociedad, ¿por qué debemos inferir que todas las suposiciones son venenosas o dañinas emocionalmente?

 

[button link=”http://”][/button] “Haz siempre tu máximo esfuerzo”. Quizás este cuarto y último acuerdo sea con el que estoy de acuerdo, y justamente es contrario a los preceptos dos y tres, ¿cómo hacer un máximo esfuerzo si no tomamos la tarea personalmente? Y menos aún ¿si no hacemos suposiciones?. Desarrollar nuestro máximo esfuerzo se refiere tanto a las tareas y desafíos que nos proponemos, como a mantener las relaciones sociales en franca tranquilidad, pues bien, imposible hacerlo sin tomarnos las cosas personalmente y armando estrategias y mecanismos de pensamientos que arman “suposiciones” al respecto.

En conclusión, considero incierto que estos preceptos hayan sido bajados de ninguna sociedad tolteca y menos hayan imbuido el espíritu del Dr. Ruiz para que lo difunda cual mensaje divino.

Simplemente hay que saber usar las palabras, tener buenos pensamientos – porque siempre todo será personal -, lograr buenas obras con nuestro trabajo, luego de establecer las suposiciones y estrategias correctas poniendo nuestro máximo esfuerzo en ello.

Mg. Maffeis Ana M.

Médica especialista neuróloga clínica